jueves, 18 de febrero de 2010

El escudo radical

No surge por una disposición formal de la misma, sino por creadores y autores anónimos que al finalizar las deliberaciones y en oportunidad de concurrir a la imprenta vecina (Moreno al 1900) para iniciar la publicación de lo resuelto, cambian opiniones y con la ayuda de dibujantes improvisados, sobre la marcha diagraman lo que según ello simbolizaban al radicalismo en ese momento que vibran tan fervorosamente. Grupo juvenil, estudiantina,
morralla de Convención que quisieron que los textos oficiales tuvieran un sello de promulgación y sin autorización de nadie pero interpretando un sentir de todos, pergeñaron un heráldica que sería aceptada y difundida hasta nuestros días.

En la Convención Nacional radical de 1948, en la que se ratifica la adopción oficial del emblema que había surgido espontáneamente, en la convención radical que se había realizado en 1931.

“En su óvalo se modelan los mismos símbolos que en el escudo de la patria, en lo alto el sol naciente de 1813, en el campo central sustituyendo las manos apretadas de la fraternidad y al gorro frigio de la libertad, el monograma de la UCR, que quiere decir hermandad del pueblo, sacrificio político, democracia radical. Pero lo más significativo de aquella creación heráldica consiste en que el óvalo aparece rodeado de un ramo de espigas fruto del trabajo rural y completa las figuras del símbolo, un martillo y una pluma, es decir los símbolos del trabajo urbano allí solidarizados, porque todos somos obreros de nuestras obras y todos trabajamos a la vez con las manos y la inteligencia, así sea el escritor y el electricista”

"Priva en él -dice Gabriel Del Mazo- un sentido de solidaridad nacional de las fuerzas del trabajo fecundo. Sobre la bandera radical, roja y blanca, coronada por el sol de nuestra heráldica cívica y circundada por una orla de espiga, símbolo de la fecundidad bajo nuestro cielo, aparece la pluma y el martillo, que representan la cultura y el trabajo. El emblema expresa así una apiración de la República el trabajo para alcanzar y sostener la cultura: la cultura acompañando al trabajo, para dignificarlo imprimiéndole sentido humano y nacional".

jueves, 28 de enero de 2010

Aristóbulo del Valle “Un hombre del parque”


Aristóbulo del Valle nació en Dolores, provincia de Buenos Aires, el 15 de Marzo de 1845. Su padre Narciso del Valle fue edecán (colaborador) de Juan Manuel de Rosas.


Contrajo matrimonio con Julia Tejedor, sobrina de Carlos Tejedor, contra el cual Del Valle luchó en 1880, cuando siendo Tejedor gobernador de la provincia de Buenos Aires se oponía tenazmente a la federalización de la Ciudad de Buenos Aires

Al comenzar sus estudios que luego lo doctoraron en jurisprudencia conoció a su gran amigo y soñador como él, Leandro Nicéforo Além. Con él ensayaron sus primeras armas en la política, militando en las filas autonomistas de Adolfo Alsina. Integraban el llamado federalismo porteño. Junto con Além, Irigoyen, Pellegrini y otros integrantes del sector juvenil fundan el “Club 25 de Mayo”

En 1872, fue electo Diputado Bonaerense junto a Além, y en 1876 electo Senador Nacional, cargo que ejercerá por casi quince años, y que lo lleva a ser conceptuado como el mas destacado parlamentario de su tiempo.

En 1889 comienza junto a Leandro Além a captar voluntades para lo que sería la “Revolución del 90”, con una prédica en favor de la moralización de las prácticas electorales, de la defensa y administración estatal de los servicios públicos, de los límites que debían ponerse al ejecutivo, y de la defensa del patrimonio estatal. Del Valle consideraba que la revolución derrocaría al gobierno solo para devolverlo al pueblo.

Al acercarse las elecciones de 1892 el candidato Cívico Mitre, pacta con Roca. Se escinde la Unión Cívica en Nacionales (a favor) y Radicales (en contra). Del Valle seguiría a Leandro Além, fundando la UCR. Del Valle era un hombre del parque, cosa que lo vinculaba a los revolucionarios pero no se enrola en la UCR

A mediados de 1893, el nuevo presidente Luís Sáenz Peña, lo convoca en un momento crítico de su gestión. Del Valle acepta, y arma un gabinete con Mariano Demaría, Lucio López, y otros integrantes de la UCR. Presenta un programa radical de gobierno, y comienza el desarme de ejércitos provinciales y las interviene, para reorganizarlas sobre la base del libre sufragio, objetivo compartido con los revolucionarios.

El 28 de julio estalla una revolución encabezada por Hipólito Irigoyen en la provincia de Buenos Aires. El Gobernador Costa ordena a su jefe de la policía, Ramón Falcón, proteger la capital. Del Valle, enterado, intenta advertir a los cívicos para impedir el combate.

El día 8 de agosto 10.000 Boinas Blancas toman la capital e instalan como gobernador provisorio a Juan Carlos Belgrano.

Cuando ya se celebraba el triunfo de la revolución, sus dirigentes cometen errores garrafales que la llevaron a la derrota.

Além solicitó a Del Valle y a su sobrino, Hipólito, dar un golpe de estado contra Sáenz Peña. Pero ambos rechazaron. Del Valle dirá años después, en su Cátedra de Derecho Constitucional: "Pude dar el golpe que Leandro me pedía, ¿pero con que escrúpulos dictaría clases hoy en día?" El moralista de la constitución prevalecería sobre sí mismo. Estos acontecimientos, y la constante presión de Roca sobre Sáenz Peña, acusando a Del Valle como cómplice de los insurrectos, erosionan la confianza del Presidente hacia su Ministro. Del Valle renuncia y con él todo su gabinete.

Como abogado defiende a los revolucionarios.
En 1894 es elegido rector del Instituto Libre de Enseñanza Secundaria.
La última mención política de Aristóbulo del Valle antes de su muerte lo ubica colaborando con Além, Torino, y Demaría, electos diputados, y Bernardo de Irigoyen, electo también senador, por la Unión Cívica Radical de Capital Federal, en la elecciones de 1995, grupo del cual se desvincula, luego, ante graves quebrantos de salud.

El 29 de enero de 1896, a causa de su frágil estado de salud, afectado por la diabetes y la insuficiencia cardiaca, Aristóbulo del Valle falleció en su oficina en la Facultad de Derecho. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta, a pocos metros del Panteón de los caídos de 1890.



martes, 24 de noviembre de 2009

Lebensohn, un radical intenso y olvidado /máximo ideólogo de la UCR/


"Volveremos, volveremos a dictar la constitución de los argentinos", gritó
aquel hombre macizo y corpulento, y se encaminó, ignorando insultos, hacia
una de las salidas del recinto, llevándose consigo a buena parte de sus
colegas de bancada.
El entonces convencional radical Moisés Lebensohn se hizo famoso aquel 3 de marzo de 1949 con aquel gesto que intentó frenar, sin éxito, la reforma
constitucional con clara intención reeleccionista que impulsaron los
legisladores leales al entonces presidente Juan Domingo Perón. Pero la vida y la militancia de aquel hombre intransigente y apegado a sus convicciones
habían comenzado bastante tiempo antes.

Nacido en Bahía Blanca en 1907, Lebensohn heredó de su padre médico la
vocación por el bien común. Luego de un breve paso por el Partido Socialista,
se afilió a la Unión Cívica Radical de Hipólito Yrigoyen, creyendo que de ese
modo defendería mejor sus ideales de nacionalismo en lo económico, justicia
social y liberalismo político.

Recibido de abogado, Lebensohn comenzó a combinar la actividad política con
el periodismo: en 1931 fundó, en la localidad bonaerense de Junín, el diario
Democracia, desde el cual defendería, durante dos décadas, los principios del yrigoyenismo.

Hacia fines de la década del treinta, el partido estaba, al igual que hoy,
frustrado y confundido. "Los jóvenes no encontrábamos el rumbo, en un partido que consentía el fraude, o colaboraba con él", recordó días pasados Alejandro Gómez, entonces joven militante y más tarde vicepresidente durante la gestión de Arturo Frondizi.

Dirigidos por Amadeo Sabattini y Roque Coulin, los jóvenes Ricardo Balbín,
Arturo Illia y Crisólogo Larralde se sumaron a Gómez, Frondizi y Lebensohn
para dar forma, en mayo de 1942 y en la localidad de Chivilcoy, a un congreso
juvenil donde se sentaron las bases de la "revolución" que intentaron
imponerle al partido. "Nos propusimos hacer las cosas honestamente, y bien",
rememoró Gómez, de 94 años, durante una entrevista con LA NACION en su casa de Belgrano.

Contra Perón

Lebensohn, que ya había cumplido cuatro años como concejal en su localidad, gritó a los cuatro vientos que a la UCR le faltaban "ejemplos morales y coraje para hacer reformas vitales de justicia social, que afectan intereses económicos".

Tres años más tarde, los jóvenes del Movimiento de Radicales Intransigentes
consiguen aprobar el "programa de Avellaneda", un intento nacido de la pluma de Lebensohn por reconquistar a las masas populares, ya entonces atraídas por el discurso de Perón. "Se intenta un sinuoso planteo: o vieja política o fascismo pseudorrevolucionario. Pero no es así: queremos una democracia con sentido humano", escribió el bonaerense.

El nuevo presidente hizo suyas, a partir de 1946, algunas de las banderas
históricas del yrigoyenismo, en lo que hace a los avances en materia social.
Pero poco respetó las formas de disenso democráticas y la libertad de
expresión, dos consignas irrenunciables de Lebensohn y los jóvenes
radicales. "Este pueblo era nuestro pueblo", se quejaba amargamente el
entonces titular del radicalismo bonaerense, el más poderoso del país.

Hacia 1949 llegaron la intención reeleccionista y la reacción de la UCR.
Después de aquel episodio, y a pesar de todo, muchos radicales intransigentes
se sumaron al gobierno justicialista. Lebensohn, al igual que otros políticos
opositores, fue perseguido y encarcelado casi en forma periódica, aunque
creyera que algunos aspectos de la gestión peronista debían sostenerse.

"El régimen caerá, tarde o temprano. Antes de eso hay que hablar con Perón
para salvar las conquistas sociales", repetía a sus correligionarios.
Muchos de quienes lo aplaudían comenzaron a recelar un pacto secreto con el líder del peronismo y lo acusaron de "traidor" a la UCR. "No aguanto más", le confesó, angustiado, a Gómez, poco antes de aquel 13 de junio de 1953, cuando su corazón dijo basta.

Sus restos fueron despedidos en una Junín con negocios cerrados y tristeza a
flor de piel. Se iba el incansable orador, el terco defensor de las libertades civiles, el hombre austero que llegó a prohibirle a su sobrino Miguel Dana participar en política mientras él estuviera vivo, porque "estaba en ventaja en relación con otros jóvenes".

Jaime Rosemberg (La Nación 14/06/2003