viernes, 17 de septiembre de 2010

Ludolfo Paramio ve muy bien a la UCR


El dirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Ludolfo Paramio, disertó el martes 14 de septiembre en el Comité provincia de la Unión Cívica Radical sobre “Liderazgo, política y gobernabilidad” ante una nutrida concurrencia.

Paramio destacó la instalación del radicalismo como una alternativa válida para llegar al gobierno, y resaltó la recuperación del liderazgo que tiene el centenario partido.

Al hablar de la situación económica mundial, alentó a la dirigencia de la Argentina a aprovechar la oportunidad que tiene el país para comerciar con otras naciones.

Al dirigirse a los radicales allí presentes (entre los que se encontraban varios integrantes del Movimiento Boina Blanca), dijo: “Los veo muy bien y muy organizados”. Opinó que este aspecto es muy importante porque en la actualidad “no es fácil construir identidades políticas”.

El pensador español no dejó pasar la oportunidad de exhibir su sentido del humor, como cuando dijo: “Estoy contento, pese a que nos han ganado 4 a 1, justo cuando creíamos que habíamos aprendido a jugar al fútbol”, en referencia al partido disputado por las selecciones de ambos países hace algunos días. También lo hizo cuando pidió disculpas por la demora en el comienzo de la charla: “Si llegué tarde, fue por culpa de los K”, en alusión al acto que el oficialismo había montado en el estadio Luna Park.

Paramio es profesor de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, doctor en Ciencias Físicas, y periodista.

Al terminar su exposición, Paramio accedió de buen grado a responder las preguntas del público, y lo hizo con toda claridad y de forma amena.

El presidente de la UCR bonaerense, Miguel Bazze, aseguró: “Esta es la nueva impronta que se le va a imprimir a nuestro partido. Con formación, preparación y propuestas para poder luchar por el gobierno en 2011”.

Nelson O. Hayes

miércoles, 8 de septiembre de 2010

RICARDO BALBIN, por RAUL ALFONSIN


Entonces tenemos que éste es, en lo que nos tocó en vida, el partido de Crisólogo Larralde y de Ricardo Balbín, que retomaron una línea histórica que venía de Alem e Yrigoyen. Algunos imaginan una especie de rivalidad histórica con Balbín porque los dos competimos en 1972, pero éste es justamente un partido democrático, donde a veces hay matices distintos. No soy ni fui nunca un rival de Balbín, sino más bien un hijo político de Balbín. Un hijo que también conversó con su padre, a veces discutió y en determinado momento le dijo: creo que esto no es exactamente así y va a ser mejor que pidamos opinión a la familia, a los nuestros, o sea al partido. El partido opinó y le dio la razón a Ricardo Balbín. Acaté esas razones y seguí sirviendo al radicalismo y a Balbín como si no hubiera pasado nada, porque en realidad no había pasado nada que no fuera normal. Balbín y yo nos cansamos de repetir que no estábamos enfrentados.

Mi política, por lo demás, no puede pensarse sin Balbín. Soy el continuador de Ricardo Balbín no sólo desde el punto de vista físico, porque ocupo su lugar como presidente del Comité Nacional, sino desde el punto de vista espiritual porque el radicalismo actual, el radicalismo en que gané las últimas elecciones internas, es el radicalismo que él hizo y es la organización que él dejó. Fue Balbín quien enseñó muy bien que una cosa eran los desbordes autoritarios del peronismo y otra era el pueblo peronista, que tiene necesariamente mucho que ver con el pueblo yrigoyenista.

Nadie era más indicado que Balbín, que había sido muy duro en los primeros tiempos del peronismo, para buscar la reconciliación entre el pueblo yrigoyenista y el pueblo peronista. Y esa reconciliación pasaba, por supuesto, por el diálogo con Perón. Lebensohn y Larralde habían explicado que no debíamos caer en el antiperonismo porque el país no podía dividirse en peronista por sí y peronistas por no; el país no podía girar en torno a un enfrentamiento estéril que beneficiaba a los sectores reaccionarios y parasitarios de la sociedad argentina. Pero Balbín tuvo la autoridad necesaria para explicar a los radicales el diálogo con Perón, la construcción de una convivencia con el peronismo que cerrara para siempre los caminos a los golpes de estado. Porque Balbín no fue caprichosamente a hablar una y otra vez con Perón: habló con Perón para ver si podía salvar la democracia argentina, si se podía vivir en un mismo país, si se podía evitar que encontraran espacio político los terroristas de ultraizquierda que buscaban provocar el golpe de ultraderecha.

… Un tiempo antes el periodista Heriberto Kahn me había preguntado cuáles eran mis diferencias con Ricardo Balbín. Y yo le dije que nos movíamos en torno a comunes denominadores fundamentales, que nos impulsan a luchar; anoté también que podía haber un ritmo, un estilo un poco distinto pero nunca me arrancaría nadie una expresión que pudiera implicar algo en desmedro de ese extraordinario radical que era Ricardo Balbín. Me dijo entonces que si había comunes denominadores fundamentales era porque existían matices que no eran enfocados de la misma manera. De lo contrario no hablaría de comunes denominadores. Le contesté que los afiliados decidían hasta en eso dentro de la Unión Cívica Radical.

… no podría negar que la idea de renovación tenía mucha fuerza en la década del ´70 y que a nosotros nos parecía importante una decisión de los afiliados al respecto. Fueron más quienes pensaron que era mejor seguir con Balbín que empezar conmigo, y así se hizo.

… Balbín, al mismo tiempo, pensaba que uno podía ser amigo de un adversario político, aunque hubiera combatido duramente contra él, pero que las amistades quebradas no se restablecen nunca. Y agregaba, ya en sus últimos días, ya en setiembre de 1981, que por eso él y yo nunca nos habíamos distanciado personalmente: sabíamos que si nos peleábamos sería difícil reconciliarnos. Y no pudieron hacernos pelear, aunque yo marqué mis disidencias y él las suyas.

¿Cómo no continuar ahora el trabajo incesante de Balbín? ¿Cómo no recoger su lección de dignidad nacional, de amor al radicalismo, de patriotismo? ¿Cómo no entender , con Balbín que la unión nacional constituye el basamento indispensable de la República?

Hay que buscar al Balbín combativo en el discurso del desafuero, pronunciado el 29 de setiembre de 1949 cuando una mayoría automática lo expulsó del parlamento para que el gobierno pudiera mandarlo a la cárcel: “ No me detendré, señor presidente, en la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de nadie. Pero tenga la seguridad, señor presidente, que estaré sentado en la vereda de mi casa viendo pasar los funerales de la dictadura para bien del país y para honor de l República y de América. Si con irme de aquí pago precio, como cualquier otro de los luchadores de mi partido; si este es el precio por el honor de haber presidido este bloque magnifico, que es una reserva moral del país, han cobrado barato. Fusilándome, todavía no estaríamos a mano”

… Y luego, también, es necesario recordar todos los gestos de reconciliación, de búsqueda de unidad de los argentinos; todos los esfuerzos que comenzaron en la Asamblea de la Civilidad, siguieron La Hora del Pueblo y culminaron en la Convocatoria Multipartidaria. En su despedida al general Perón, dijo que fue posible comprender “él su lucha, nosotros nuestra lucha y, a través del tiempo y las distancias andadas, conjugar los verbos comunes de la comprensión de los argentinos”.

Pero Balbín también tiene otro mérito: haber sido el arquetipo del político; el enemigo por definición de los profesionales de la antipolítica. En la época en que triunfan neciamente los supuestos “eficaces”, Balbín parecía pertenecer al pasado y la democracia estaba arrumbada en el cuarto de los trastos viejos. De allí hubo que ir a rescatarla. Los monos sabios, los planificadores de la modernización en base a camisas de Hong Kong, los corruptos, no querían ir a buscar la democracia pero de tanto eludirla, terminaron en una guerra. Y ahora está el país para ver quienes son los eficaces, los hombres serios, los prudentes. Ricardo Balbín los desafío a todos. Su misma casona de La Plata, sus viejos muebles, eran de por sí una tremenda crítica que el régimen no podía soportar. Por eso lo llevaban preso o lo prohibían por la radio y la televisión. Fue Balbín quien volvió a lo de siempre, como en 1890: frente a la crisis, MORAL Y SUFRAGIO.

Pero había que saber cómo hacerlo. “Cumplir con el deber no es nada difícil. Lo difícil es saber dónde está el deber”, afirmó en una frase casi desconcertante. Balbín no dejaba de preguntarse a sí mismo sobre sus aciertos y sus errores porque tenía la tesonera y escondida sabiduría de los criollos viejos a quienes los malintencionados no conseguirán nunca sacar del camino.

Voy a seguir por esa ruta…

… en las escuelas de mañana, los alumnos aprenderán la vida de Ricardo Balbín y verán en sus libros de texto la fotografía de su casa, que será seguramente un museo destinado a perpetuar su memoria. En las escuelas de mañana, los niños aprenderán la vida de un médico rural que gobernó de acuerdo con la Ley, que creía en la verdad y en la palabra, que andaba a pie por los caminos polvorientos de la decencia. En las escuelas de mañana se repetirá todos los días, como un rezo laico, el preámbulo de la Constitución Nacional, santo y seña de nuestra lucha, advertencia terrible contra la tentación de volver a buscar una tiranía salvadora.

Raúl Alfonsín (1983)

EXTRAIDO DEL LIBRO: ¿QUÉ ES EL RADICALISMO? PÁGINAS 218 A 224

http://movimientoboinablanca.blogspot.com/2009/01/frases-para-recordad-ricardo-balbin.html


lunes, 6 de septiembre de 2010

EL DERROCAMIENTO DE HIPÓLITO YRIGOYEN


El 1 de abril de 1928, tuvieron lugar las elecciones generales en el país. En tal sentido, una vez realizado el escrutinio, se confirmó que la formula de la Unión Cívica Radical dobló en votos a los opositores, ganando en todos los distritos electorales. Este hecho histórico es popularmente conocido como: “El plebiscito de Yrigoyen”. Más adelante, una vez reunido el Colegio Electoral d e la Nación, unos 251 electores consagraron a Hipólito Yrigoyen y Francisco Beiró, como Presidente y Vice de la República, para el período (1928-1934).

La noticia del triunfo de Yrigoyen fue bien recibida por sus seguidores, pero con sorpresa y un dejo de desprecio por parte de sus enemigos, sean estos conservadores, representantes de los intereses extranjeros o militares anti yrigoyenistas, los cuales, intentaron evitar que Yrigoyen asumiera el gobierno.

A diferencia del primer gobierno, está vez Yrigoyen cuenta con mayoría en la Cámara de Diputados y una posibilidad de lograr en las próximas elecciones, una mayoría en el Senado de la Nación, lo cual, le permitiría, dar viabilidad a tantos proyectos de Ley que han no han sido tratados o impedida su aprobación por parte de los legisladores conservadores, quienes con esta actitud, ponían freno a la consumación de cambios estructurales en el país.

Las definiciones sobre el rumbo político del gobierno que asume en 1928, fueron dadas por el propio Presidente Yrigoyen en su mensaje en el Congreso, En tal sentido, podemos destacar la puesta en marcha de una política reparadora en lo social, el desarrollo de la educación, el apoyo a la industria de los frigoríficos, el establecimiento de un precio sostén para los cereales que se exportan, la ejecución de un Censo Ganadera Nacional, medidas todas, que apuntan a enfrentar los posibles efectos de la crisis mundial que tuvo lugar en 1929 en los Estados Unidos y que afectaría también a la Argentina en el corto plazo.

Como una forma de mantener los niveles de empleo y de obra pública, se continuó con la construcción de líneas ferroviarias, entre ellas, un paso entre Salta y Chile, con el fin de integrar a los dos países y buscar una salida al pacifico para los productos del país. También, por pedido expreso de Yrigoyen, el General Mosconi, Director de General de YPF, celebró un convenio con la Empresa de negocios para Sudamérica(Luyantor), de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por el cual, se comprarían derivados del petróleo mejor precio que el ofrecido por las compañías norteamericanas, a cambio de exportar productos del país. Cabe destacar, que este convenio intentaba evitar el monopolio que la Stándar Oíl pretendía construir para dominar el mercado interno de muestro país, aprovechándose de la falta de una legislación, que garantice la producción y comercialización del petróleo, que según era la idea de Hipólito Yrigoyen, tenía que estar en manos del Estado.

Todas estas medidas tomadas por el gobierno tenían un sentido patriótico, como así también, fue la implementación de una política exterior que resguardaba la soberanía de nuestro país. La misma se enmarcaba en un distanciamiento progresivo de los Estados Unidos, por no coincidir Yrigoyen con sus políticas imperialistas, sobre todo, las que implementaban en Centroamérica, donde Sandino enfrentaba en soledad, los embates imperialistas de los norteamericanos. Cabe destacar, que durante la segunda Presidencia de Yrigoyen, el cargo de embajador argentino en Washington se mantuvo vacante, desde que se realizó el llamado al país de nuestro representante diplomático, hasta el final de su gobierno, como una muestra de desagrado hacia la política exterior implementada por los norteamericanos.

Tampoco la Argentina participó a la Conferencia de conciliación y arbitraje realizada en noviembre de 1928 en Estados Unidos, por considerarla una ratificación de la Doctrina Monroe. A todo esto, cuando en el mes de diciembre el Presidente electo de Estados Unidos Herbert Hoover visitó la Argentina, en una reunión entre ambos, el Presidente Yrigoyen le planteó la posición del gobierno argentino y de otros gobiernos del continente, contraria a las intervenciones que aplicaba Norteamérica, bajo la escusa de proteger los intereses de sus ciudadanos en los países Latinoamericanos. Cabe destacar que Hipólito Yrigoyen transparentó su política antiimperialista de diferentes maneras, tal cual, lo recordara en uno de sus libros el político del APRA Manuel Soane, al afirmar “Esta resistencia a lo norteamericano por sus caracteres prepotentes y por su sentido materialista, tan ajeno a la altivez y espiritualismo del caudillo, coincidía con su afectuosa preferencia por lo británico”.

El año 1930, será el de las permanentes conspiraciones contra el orden constitucional. En este sentido, tanto en la capital como en las provincias se intenta desprestigiar por todos los medios posibles al radicalismo y particularmente al Presidente Hipólito Yrigoyen. Para llevar delante esta acción golpista, se unirán los anti personalistas, conservadores, demócratas, fascistas y demás fuerzas con poco apego a la democracia y comenzarán a realizar una serie de actos y acciones en todo el territorio nacional, donde en definitiva se solicita la renuncia del Presidente Yrigoyen. Mientras que por otra cuerda, el general Uriburu comienza a organizar el golpe de estado, reclutando adeptos en las fuerzas armadas, con el fin de cristalizar su obra nefasta. Entre los convocados a participar de esta actividad desestabilizadora podemos destacar a toda la oficialidad vinculada al antiguo régimen, entre ellos: Álvaro Alsogaray, Pedro Ramírez, Agustín P Justo. Y también se sumarán a la aventura golpista, los estudiantes nucleados en la FUBA y algunos Decanos de la época.

El día 6 de septiembre de 1930 se producirá el levantamiento contra las instituciones democráticas, poniendo fin a un una breve etapa de legalidad institucional en nuestro país. Yrigoyen es conducido al Regimiento 7 de Infantería de la ciudad de La Plata y su casa de la calle Brasil es asaltada y destruida por las turbas fascistas. El viejo régimen, la oligarquía, los personeros del fraude y de la Stándar Oíl, como así también, los anticomunistas, se encuentran nuevamente en el poder, al lograr interrumpir el estado de derecho. Este accionar golpista sé convertirá una lamentable práctica, durante todo el siglo XX, en nuestro país.

Este año se cumplen 80 años de este lamentable episodio, que sólo ha servido para que grupos vinculados al poder económico, intereses extranjeros y de ideas totalitarias, los cuales, además también desprecian todo lo que tenga que ver con la vigencia de la soberanía popular, hayan tomado en distintos momentos de nuestra historia reciente el poder en sus manos. Todas estas tropelías las han realizado en nombre del orden y de la salvaguarda de los valores de la Nación. Hoy si bien nuestra democracia, que tanto costó conseguir y más aún consolidar, mantiene muchas deudas para con nuestros compatriotas, y ante la enseñanza que estos lamentables hechos históricos que hoy recordamos nos deben dejar, todo ello, debe servir para no cometer los mismos errores. Y en tal sentido, será tarea de todos defender y mejorar el sistema democrático. Pero para que ello sea posible: debemos trabajar todos por el bien común e instaurar políticas de Estado, garantizar la vigencia plena de las instituciones republicanas y de los derechos humanos, como así también, la libertad de opinión y la seguridad jurídica. También se deberá mejorar el funcionamiento del sistema de partidos y democratizar el funcionamiento interno de los mismos y fundamentalmente, formar ciudadanos que se conviertan en el sustento de un sistema democrático para los tiempos. Sólo de esta manera, podremos alejar los fantasmas golpistas del pasado, que sólo han logrado impedir que nuestro país, transite por un camino permanente de progreso social, político y económico, que permita la realización plena de los hombres y mujeres de nuestra Patria.

*Por el profesor César Arrondo, integrante del Foro de Historiadores de la Unión Cívica Radical

domingo, 5 de septiembre de 2010

Ricardo Alfonsín defendió al ex fiscal Julio Strassera tras los cuestionamientos del oficialismo





"Los que juzgamos a las Juntas fuimos los radicales" Acusó al Gobierno de "desacreditar" cualquier "instancia que organice el juicio critico de la sociedad, que brinde información, que permita confrontar opiniones, que logre generar conciencia en determinados sectores de la sociedad o que no comparta la visión oficial".

El diputado Ricardo Alfonsín le recordó hoy al Gobierno que quienes impulsaron el juicio a las juntas militares en 1983 fueron los radicales cuando "los justicialistas decían que nada se podía hacer en relación a la violación de los derechos humanos", y defendió encendidamente al ex fiscal Julio Strassera, atacado por el oficialismo.
"Los que impulsamos el juicio fuimos nosotros y el fiscal fue Strassera", evocó el precandidato presidencial y calificó al ex funcionario judicial como "una de las personas más nobles, más respetables, más íntegras y que más admiro desde que lo conocí, una vez recuperada la democracia".
Alfonsín salió así al cruce del ataque del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, contra Strassera, a quien juzgó de un ser "despreciable", luego de que el ex fiscal cuestionara la posición oficial sobre Papel Prensa y afirmara que no hay una pruebas para decir que esa compañía se vendió por presiones de Clarín, La Nación y La Razón con la complicidad de la dictadura.
El legislador radical ratificó que el proyecto de ley presentado por el oficialismo para declarar de "interés público" la producción y distribución de papel para diarios "no es una prioridad".
Y advirtió que la sociedad puede tener "la certeza de que no vamos a acompañar ninguna decisión que pueda generar condiciones para que futuros gobiernos puedan influir de manera negativa en el ejercicio de la libertad de prensa, que es quizás el primer derecho civil para poder vivir en democracia".
"El Gobierno nos dice: 'están defendiendo a Clarín y a La Nación', no, estamos defendiendo la libertad de prensa que efectivamente se siente agraviada y está agraviada", aseveró.
Alfonsín consideró un "despropósito" los embates del jefe de Gabinete contra Strassera y también contra el ex juez y diputado de la Coalición Cívica Ricardo Gil Lavedra.
El radical rememoró que en 1983 la UCR motorizó el juicio a los jerarcas de la dictadura, luego de que el PJ mostrara su escepticismo sobre esta posibilidad con el argumento de que la "democracia no estaba en condiciones de someter a los principales responsables (de la dictadura) a un juicio" de esas dimensiones.
"En 1983 competían dos partidos: el justicialismo y el radicalismo. El justicialismo decía que nada se podía hacer con relación a la violación de los derechos humanos perpetrada por la dictadura militar, el radicalismo decía que sí. A los 14 días de asumir (Raúl Alfonsín) se sancionaron los decretos ordenando los juicios a las juntas", recordó, en referencia al gobierno de su padre.
Luego de alabar la trayectoria y calidad moral de Strassera, el dirigente extendió sus elogios a Gil Lavedra.En tal sentido, consideró que "ni quienes formulan esas declaraciones (destempladas) creen lo que dicen. Lo que pasa es que hay quienes creen que en política todo vale".
En alusión a referentes del oficialismo, aventuró que muchos que "serían incapaces de hacer juicios difamatorios o calumnias en la vida privada, creen que en política se puede hacer eso. Yo no lo creo, yo no separo los valores entre la vida y la política para mí son los valores los mismos".
Alfonsín acusó al Gobierno de "desacreditar" cualquier "instancia que organice el juicio critico de la sociedad, que brinde información, que permita confrontar opiniones, que logre generar conciencia en determinados sectores de la sociedad o que no comparta la visión oficial".
"Esto también es profundamente antipolítico, por eso empezaron atacando a los partidos políticos, desmembrándolos, cooptándolos; luego siguieron con el Poder Judicial, con la reforma del Consejo de la Magistratura; destrataron el Parlamento, luego continuaron con la falta de federalismo y ahora lo que pasa con los medios de prensa", se lamentó.
Diario La Prensa 04-09